El Socialismo es el Opio del Pueblo.
Por: Víctor R. Azuaje.
El proceso revolucionario mundial siempre a tenido como idea enajenar el espíritu humano, trasformarlo en algo inhumano de allí que la revolución es un proceso destructivo, pues principalmente aspira a destruir al hombre, para que nazca un “nuevo hombre” Ya Marx hablaba de un agente que según el actuaba como “opio” sobre el pueblo: la religión, la cuestión es que Marx extrapolo su realidad, ya que el verdadero opio del pueblo es el socialismo, el socialismo es una idea utópica que enajena a los pueblos y los distancia de sus verdaderos objetivos.
El socialismo propone el continuo progreso, la suplantación de la Fe en un Dios, por la fe en la Ciencia como madre de todas las cosas, pero lo cierto es que el socialismo miente, cada ejemplo socialista del mundo demuestra lo contrario, demuestra que el socialismo atrasa y destruye los progresos conseguidos a través de la historia por la humanidad.
En los primeros tiempos la droga del pueblo era la esperanza de ejercer la violencia para liberarse de la “esclavitud” de la que le hablaban los agitadores del socialismo, ya el manifiesto comunista les decía: “Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución comunista. Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas” magnifica perspectiva la de luchar por “liberarse”, por romper cadenas y conquistar el mundo, que mas podrían pedir los hombres deseosos de gloria. ¿Pero que obtuvieron?
Tras cada victoria de los socialistas, donde se derramaba sangre del proletariado se erigía una nueva elite la que se autodenomina acta para guiar la “liberación” del pueblo, pero una vez en el poder se dedicaban a reprimir y destruir, lo que ha ocasionado hasta la fecha mas de 120.000.000 millones de muertos a mano del socialismo: Engel, Marx, Kautski, Ferdinand Lasalle Stalin, Mao, Lenin, Castro y el resto de socialistas han mantenido drogados al pueblo con sus promesas y en la practica han cobrado con sangre sus victorias, y con la destrucción permanente de la cultura
El socialismo ha nacido necesariamente del odio y dirigido por su propia lógica interna al uso de la violencia, ejercida por medio de guerras, revoluciones y atentados el comunismo internacional se vio compelido por grandes y profundas modificaciones en la opinión pública, a disimular su rencor, así como a fingir haber desistido de las guerras y de las revoluciones. Pero todo es falso, ya que entra dentro de la guerra psicológica de la revolución contra el pueblo, vistiéndose de pacifica pero actuando como verdugos.
Usa la sonrisa tan sólo como arma de agresión y de guerra, y no extingue la violencia, sino que la transfiere del campo de operación de lo físico y palpable al de las actuaciones psicológicas impalpables. Su objetivo: alcanzar, en el interior de las almas, por etapas e invisiblemente, la victoria que ciertas circunstancias le estaban impidiendo conquistar de modo drástico y visible, según los métodos clásicos. Por supuesto, no se trata aquí de efectuar, en el campo del espíritu, algunas operaciones dispersas y esporádicas. Se trata, por el contrario, de una verdadera guerra de conquista psicológica, sí, pero total, teniendo en vista a todo el hombre, y a todos los hombres en todos los países.
La actual revolución, que conoce el mundo y que padece Venezuela por ejemplo es una modalidad de guerra psicológica revolucionaria, que se inicia a partir de la rebelión estudiantil de La Sorbonne, en mayo de 1968, donde numerosos autores socialistas y marxistas en general pasaron a reconocer la necesidad de una forma de revolución previa a las transformaciones políticas y socio-económicas, que operase en la vida cotidiana, en las costumbres, en las mentalidades, en los modos de ser, de sentir y de vivir. Es la llamada “revolución cultural”.
Consideran ellos que esta revolución preponderantemente psicológica y tendencial es una etapa indispensable para llegar al cambio de mentalidad que haría posible la implantación de la utopía igualitaria, pues, sin tal preparación, esa transformación revolucionaria y los consiguientes “cambios de estructura” resultarían efímeros.
En efecto, la guerra psicológica tiene como objetivo toda la psiquis del hombre, es decir, lo “trabaja” en las varias potencias de su alma y en todas las fibras de su mentalidad. Ella echa mano de todos los medios, a cada paso le es necesario disponer de un factor específico para llevar insensiblemente cada grupo social y hasta cada hombre a aproximarse, por poco que sea, del comunismo. Y esto en cualquier terreno: en las convicciones religiosas, políticas, sociales o económicas; en las impostaciones culturales, en las preferencias artísticas, en los modos de ser y de actuar en familia, en la profesión, en la sociedad. Por ejemplo de una de esas tendencias es la: Teología de la Liberación.
Los consumidores de droga se autodestruyen, la droga es un elemento enajenante y destructivo de allí que si el pueblo sigue consumiendo la droga socialista morirá, pero no sin antes perder su personalidad, su dignidad, su memoria y sumergirse en un infierno, propio de todo drogadicto.
Rechacemos el paraíso socialista y pongamos la esperanza en el trabajo, rechacemos el egoísmo socialista y respetemos la propiedad privada, pongamos nuestro progreso en la familia y tendremos futuro, soñemos con un progreso infinito e ilimitado y seremos eternos esclavos del socialismo perverso, busquemos la paz pero aceptemos la guerra. Pongamos fin al consumo de la droga socialista, ya es tiempo de Despertar!.
Por: Víctor R. Azuaje.
El proceso revolucionario mundial siempre a tenido como idea enajenar el espíritu humano, trasformarlo en algo inhumano de allí que la revolución es un proceso destructivo, pues principalmente aspira a destruir al hombre, para que nazca un “nuevo hombre” Ya Marx hablaba de un agente que según el actuaba como “opio” sobre el pueblo: la religión, la cuestión es que Marx extrapolo su realidad, ya que el verdadero opio del pueblo es el socialismo, el socialismo es una idea utópica que enajena a los pueblos y los distancia de sus verdaderos objetivos.
El socialismo propone el continuo progreso, la suplantación de la Fe en un Dios, por la fe en la Ciencia como madre de todas las cosas, pero lo cierto es que el socialismo miente, cada ejemplo socialista del mundo demuestra lo contrario, demuestra que el socialismo atrasa y destruye los progresos conseguidos a través de la historia por la humanidad.
En los primeros tiempos la droga del pueblo era la esperanza de ejercer la violencia para liberarse de la “esclavitud” de la que le hablaban los agitadores del socialismo, ya el manifiesto comunista les decía: “Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución comunista. Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas” magnifica perspectiva la de luchar por “liberarse”, por romper cadenas y conquistar el mundo, que mas podrían pedir los hombres deseosos de gloria. ¿Pero que obtuvieron?
Tras cada victoria de los socialistas, donde se derramaba sangre del proletariado se erigía una nueva elite la que se autodenomina acta para guiar la “liberación” del pueblo, pero una vez en el poder se dedicaban a reprimir y destruir, lo que ha ocasionado hasta la fecha mas de 120.000.000 millones de muertos a mano del socialismo: Engel, Marx, Kautski, Ferdinand Lasalle Stalin, Mao, Lenin, Castro y el resto de socialistas han mantenido drogados al pueblo con sus promesas y en la practica han cobrado con sangre sus victorias, y con la destrucción permanente de la cultura
El socialismo ha nacido necesariamente del odio y dirigido por su propia lógica interna al uso de la violencia, ejercida por medio de guerras, revoluciones y atentados el comunismo internacional se vio compelido por grandes y profundas modificaciones en la opinión pública, a disimular su rencor, así como a fingir haber desistido de las guerras y de las revoluciones. Pero todo es falso, ya que entra dentro de la guerra psicológica de la revolución contra el pueblo, vistiéndose de pacifica pero actuando como verdugos.
Usa la sonrisa tan sólo como arma de agresión y de guerra, y no extingue la violencia, sino que la transfiere del campo de operación de lo físico y palpable al de las actuaciones psicológicas impalpables. Su objetivo: alcanzar, en el interior de las almas, por etapas e invisiblemente, la victoria que ciertas circunstancias le estaban impidiendo conquistar de modo drástico y visible, según los métodos clásicos. Por supuesto, no se trata aquí de efectuar, en el campo del espíritu, algunas operaciones dispersas y esporádicas. Se trata, por el contrario, de una verdadera guerra de conquista psicológica, sí, pero total, teniendo en vista a todo el hombre, y a todos los hombres en todos los países.
La actual revolución, que conoce el mundo y que padece Venezuela por ejemplo es una modalidad de guerra psicológica revolucionaria, que se inicia a partir de la rebelión estudiantil de La Sorbonne, en mayo de 1968, donde numerosos autores socialistas y marxistas en general pasaron a reconocer la necesidad de una forma de revolución previa a las transformaciones políticas y socio-económicas, que operase en la vida cotidiana, en las costumbres, en las mentalidades, en los modos de ser, de sentir y de vivir. Es la llamada “revolución cultural”.
Consideran ellos que esta revolución preponderantemente psicológica y tendencial es una etapa indispensable para llegar al cambio de mentalidad que haría posible la implantación de la utopía igualitaria, pues, sin tal preparación, esa transformación revolucionaria y los consiguientes “cambios de estructura” resultarían efímeros.
En efecto, la guerra psicológica tiene como objetivo toda la psiquis del hombre, es decir, lo “trabaja” en las varias potencias de su alma y en todas las fibras de su mentalidad. Ella echa mano de todos los medios, a cada paso le es necesario disponer de un factor específico para llevar insensiblemente cada grupo social y hasta cada hombre a aproximarse, por poco que sea, del comunismo. Y esto en cualquier terreno: en las convicciones religiosas, políticas, sociales o económicas; en las impostaciones culturales, en las preferencias artísticas, en los modos de ser y de actuar en familia, en la profesión, en la sociedad. Por ejemplo de una de esas tendencias es la: Teología de la Liberación.
Los consumidores de droga se autodestruyen, la droga es un elemento enajenante y destructivo de allí que si el pueblo sigue consumiendo la droga socialista morirá, pero no sin antes perder su personalidad, su dignidad, su memoria y sumergirse en un infierno, propio de todo drogadicto.
Rechacemos el paraíso socialista y pongamos la esperanza en el trabajo, rechacemos el egoísmo socialista y respetemos la propiedad privada, pongamos nuestro progreso en la familia y tendremos futuro, soñemos con un progreso infinito e ilimitado y seremos eternos esclavos del socialismo perverso, busquemos la paz pero aceptemos la guerra. Pongamos fin al consumo de la droga socialista, ya es tiempo de Despertar!.

